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#estilos de motos clásicas
sucede-es · 9 months ago
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Kingston Custom “Good Ghost” BMW R100 RS
Hay motos personalizadas dignas de elogio, y luego están aquellas pocas que son dignas de exhibición en un museo.
La Good Ghost de Kingston Custom entra en la última categoría con su estilo art deco y su trabajo de pintura azul y oro que son absolutamente cautivadores.
El último miembro de la trilogía de motos "Phantom" de Kingston se basa en una BMW R100 RS de 1980, pero no se parece en nada al original. El cuerpo está elaborado con aluminio formado a mano que cubre toda la moto. Casi todo está alojado dentro del carenado alargado, que está marcado por las clásicas rejillas de los los automóviles BMW, esta vez alargadas como las del clásico BMW 328 Roadster de 1936. Prácticamente lo único que sobresale son los manillares, partes del motor y los largos tubos de escape.
La Good Ghost está coronada por una silla de cuero personalizada que se unifica con el borde de la instrumentación, así como dos compartimentos detrás de las placas de matrícula que albergan un juego de herramientas y utensilios vintage para mayor clase.
La motose exhibe actualmente en el Hass Moto Museum and Sculpture Gallery en Dallas.
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preludioaldesespero · 10 months ago
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Máquina de billetes
Me gradué hace dos años y nada que encuentro trabajo.      He trabajo en cosas variadas, pasando de aquí allá para ganarme la papa como todos los jóvenes que quieren arrancar por sí solos de este país. Fui cajera en una tienda de zapatos deportivos, también vendí planes para celulares durante dos semanas y a veces me llamaban para revisar que la gente estuviera en sus respectivos asientos en algunos conciertos, incluso una vez le ayudé al papá de un amigo a parquear motos. En todo me fue bien y me alcanzaba para llevarle un mercado mensual a mi abuelita. Hasta me dejaron quedar con las chaquetas y las pude vender por un grupo de Facebook (no se imaginan la cantidad de gomelos que les gusta picar de obreros pagando por una prenda de vestir con logo).      Lo que me preocupa en realidad es que no sé qué hacer con este título de “Profesional en Estudios Literarios”. Con eso si vienen mis problemas porque para empezar, ni siquiera sé porque decidí meterme en eso, ni siquiera es “literatura” como tal, son solo “Estudios”, la crítica, el análisis desde las clásicas posturas filosóficas, la pedantería de unos pocos que juzgan cualquier letra que se encuentre en un libro reseñado por las revistas culturales de turno pero que casi nunca escriben para hacer literatura. Había casos raros porque algunos profes publicaron poesías, novelas y cuentos pero el registro bibliotecario de sus prestamos eran mínimos y casi siempre las mismas personas los sacaban: los estudiantes lameculos que buscaban más excusas para gastarles tintos, cigarrillos o vasitos de whisky. Porque hay que admitir algo, al profesor de literatura le gusta que lo halaguen como a una quinceañera recién desvirgada.      El caso es que esos profesores se dejaron ganar por el tiempo, por las ganas de pensión y el rigor académico. Porque no niego que no se pueda hablar sobre la violencia en la literatura colombiana y escribir un cuento sobre un asesino fanático de Los Picapiedra. Pero cuando hay más de uno que de lo otro, sabes que la academia les tendió una trampa. Y están esos que sí se metieron de lleno a la escueleria por amor a ella, tratando, buscando mil razones para justificar científicamente algo tan come mierda y mentiroso como el arte.      Por eso la cagué, porque yo buscaba vivir de la escritura, llegar a ser una reconocida autora colombiana, ¿por qué no? Y dije, ah breves, estudio esto como por aprender a analizar el estilo de los grandes, como por abrir los referentes, como por también hacer contactos y conocer más gente con los mismos gustos... ¿Pero para qué justificarme tan idiotamente? La verdadera razón fue porque tenía miedo, esa mierda que le meten a uno de que lo mejor que puede tener la clase media colombiana es el estudio, es graduarse, sacar adelante una carrera. Ese intento de mi papá (un profesor de colegio como la mayoría de mi familia) por verme confiada de la escolarización y la educación para que yo lograra con mucho estudio y esfuerzo mejores puestos que él y así ayudar en la casa. ¿Qué más podía hacer? No había plata como para quedarme quieta un año pensándolo bien o como para dedicarme a viajar en algún país de Europa Oriental.      Lo más triste fue encontrarme con la lagaña más pegachenta del ecosistema académico, el estudiante de ciencias sociales y todas sus variables que siempre apuntan a lo mismo: boconería autojustificada. Estaban los hijos de poetas y novelistas mandados a recoger, las hijas de algún senador que apostaba por la cultura y las bibliotecas, alguna nieta de un exministro o de algún ex redactor de El Tiempo con buenas referencias. Estudiantes que conocían de antemano a todos los profesores porque siempre iban al apartamento a hablar con los papás sobre poesía medieval mientras se chupaban los culos sin quitarse los busos cuello tortuga. Pelados que a los dos años aprendieron a leer con Los Miserables en versión bilingüe y que a los dieciséis ya se habían leído toda la obra de Kafka con anotaciones. Esos que cogían la universidad como si fuera el curso siguiente al Once del colegio porque todos salían de los mismos campestres, trilingües, abiertos de mente colegios. Ilustres en temas sociales y genios por naturaleza contextual que salían al parque Nacional (sí, soy de la Jave, mor) a comprar chorro, marihuana y cigarros para poder jugar al bohemio callejero. Que se metieron a estudiar eso porque ya lo tenían definido, de eso no había dudas.       Luego estaban los que al leer Harry Potter decían que jamás podían llegar a semejante maestría y se dedicaban a analizar y entender cualquier autor para defenderlo en discusiones. Esos que se metían a semilleros de cuanto tema había para siempre coquetear con el tutor de turno. Esos que veían a los genios de arriba como su enemigo, alguien al que debían destruir con golpes de citación para poder ser parte de ese grupo. Llevaban normalmente su almuerzo o compraban supuestos corrientazos de quince mil. Ese tipo de chicas que normalmente leían a los de la Escuela de Frankfurt después de hacer el amor mientras le acariciaban la cabeza a sus amantes. Chicos que veían la literatura como algo tan sublime que podían sucumbir ante cualquier libro con referencias a Borges o a García Márquez. Salían de cualquier parte y podían costarse las fotocopias sin pensar en el bus de regreso. Se habían metido al ruedo por elección sin miedo al futuro, eso sí.      Y los estúpidos caballos. Llevando cargas emocionales por creer que podían absorber de todo y ser magníficos en el juego de la crítica analítica, lectura recta y rectal. Prácticamente este tipo de personas se encontraba tanto dentro de los genios como de los interesados pero se frustraban y hacían todo de mala gana al darse cuenta que estaban ahí sin escapatoria porque se habían negado a sus esperanzas, siendo opacados por esos determinismos de cuna o de influencias vacías. Se habían metido como por el suspiro de que eran buenos en solo leer y escribir y que al menos iban a encontrar un trabajo con un titulo como ese.      Lo chistoso es que yo soy una variabilidad de eso que al final es la misma soberbia oxidada que sigue calando. ¿Quién dijo que la escuela te da clase?      Al cabo que igual una carrera no es fácil y así salí, juiciosa, toda una teza, hasta con énfasis editorial como para diagramarle cualquier texto a un YouTuber innovador. Pero acá estoy, volviendo a lo mismo diciéndole que nada que me contratan en ningún lado que tenga que ver con este chiste de diploma. Y todos me dicen lo mismo, que ceda, que la cosa se trata de plata no de moral ni de creencias pero yo sigo obstinada, negandome rotundamente a ser profesora o a buscar becas de investigación o a sacar textos para publicaciones indexadas o a vivir entre rumores de estudiantes y colegas. No quiero ser esa mujer que llegue con un termo lleno de café o agua para impartir una catedra de James Joyce o de Cine y Literatura vanguardista.        Igual no todo está perdido porque primero, he publicado dos cuentos: uno en una revista española que me dio 20 dolares y el otro lo sacaron para una antología de nuevas cuentistas colombianas donde recibí 30 ejemplares para venderlos como me diera la gana. Y segundo: ando en un trabajo por prestación de servicios que es lo que me ha mantenido con vida. Supongo que puedo llamarlo así, no sé. Vendo subscripciones mensuales a 6 dolares. El contenido son más de doscientas fotos (yo semidesnuda jalándome los cacheteros, desnuda tocándome el toto con las uñas largas, en cuatro metiéndome un dildo morado de 20 centimentros, chupándole el pene a mi novio mirándolo fijamente al borde del balcón de un On Vacation de San Andrés con demasiada saturación para hacerlo parecer un hotel cinco estrellas de Cancún, etc.) y cincuenta videos (mi novio corriéndome la tanga a un lado y haciéndomelo en cuatro, yo haciendo una reversa montándolo a él, caminando lentamente hacia la entrada del Sumapaz para masturbarme con la neblina a mi alrededor, y así cosas por el estilo). Nada que decir.      Casi antes de que comenzara todo este encierro me encontré con algunas compañeras. Ana María está trabajando como profesora para la misma universidad al tiempo que hace la maestría. Jessica y Laura montaron su editorial de filosofía feminista y les ha ido relativamente bien. Sara publicó su primera novela con Planeta y saldrá de gira virtual ahorita en agosto para dar charlas en varios eventos literarios.
     -¿Y tú qué, Sofi? ¿Qué andas haciendo?      -Bien, marica. Ando trabajando de escritora fantasma y lo bueno es que ya pude pagar los prestamos que mi papá sacó con esas cooperativas para mi estudio      -Ush, parce pero bien. ¿O sea que ya pagaste todo todo?      -Si, la mitad con ese trabajo y la otra mitad con subscripciones.      -Ah sí, si me contaron que andas vendiendo videos.      -Lo feo es que en ninguno de los que salgo leyendo mis cuentos me los compran.      -¿En serio?      -Sí, ni siquiera esos viejitos raros. Salgo en bola y todo parce. Hasta intento concentrarme para leer con un dedo adentro pero ni eso les llama la atención.      -Marica, hablemos en una semana a ver si yo logro hacer que te lean algún manuscrito.      -No, me da pena contigo.      -¡Que va! Yo te he leído y puedo intentar moverte      -Pues sí, supongo que me ayudarías resto.      -Escríbeme entonces, bebé.
     Le escribí y logró que me leyeran un libro de cuentos pero no les pareció lo suficientemente comerciable. Al menos Sara movió influencias y se lo mandó a un amigo que tiene una editorial chilena que publica literatura de horror. Y salió bien. Justo hoy me mandaron un correo con el contrato para mandarlo firmado. Quinientos ejemplares no está mal y las regalías funcionan bien. Ahora solo falta que lo comiencen a distribuir y ver dinero de ahí. Por el otro lado he estado ganando muy bien. Con lo que me hice en un mes nos fuimos a vivir en arriendo con mi novio, mi mejor amiga y su novio. Estamos bien porque todos tenemos trabajo y el apartamento está apenas para todos y además tiene una vista de Bogotá hacia el occidente donde se pueden ver todas mis carreras favoritas. Así obtengo inspiración para seguir escribiendo mi segunda novela y mis cuentos mientras consigo que me los publiquen. No ha sido malo porque de hecho soy la que más gana de los cuatro y se pusieron re contentos cuando compré el Nintendo Switch. He estado bien, grabando videos probándome las chaquetas de Claro, de Cinemark y hasta esa verde de cuando trabajé en Servientrega hace cuatro meses. Lo bueno es que pagan el doble cuando saben que las has usado sin ropa interior y el triple si les agregas algo de olor. Menos mal no tengo problema con eso. Sólo me sigue molestando ese sin sabor porque no sé qué más hacer con ese titulo que tengo colgado en la nevera.
Sofía Triana  (2020) 
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sucede-es · a year ago
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Triumph Scrambler 1200 Bond Edition
James Bond tendrá un clásico británico de dos ruedas en la próxima película No Time to Die en forma de Triumph's Scrambler XE. Para celebrar, Triumph está lanzando una versión temática de Bond para el resto de nosotros que no tenemos nuestra licencia para matar.
La moto viene con un acabado con temática Bond plateado junto al escape estilo scrambler, junto con una pantalla de inicio con el clásico logotipo de iris 007 de la cámara. Un asiento de cuero negro cosido a mano, cubiertas de motor oscurecidas y una suspensión Ohlins superior completan el paquete. Un gemelo paralelo de 89 caballos de fuerza y 1200cc impulsa la moto en forma clásica Triumph.
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